“¿Te acuerdas de mí?” oyó preguntar. Había terminado con el pescado pero todavía quedaba una salsa espesa y anaranjada en el plato. Se le apareció una cara, todavía difusa.
“¿Te acuerdas de mí?” La cara se fue dibujando: una boca torcida, unos ojos que miraban directamente a los suyos, con ira.
“¿Te acuerdas de mí?” Se le nubló la vista. La cara que veía se conectó a la voz que oía. El dolor se volvió intenso. Su cabeza cayó sobre su propia sangre, en el plato.
20 de maig 2009
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